Lo trajo la madre hace mucho tiempo y a cada paso que daba, repetía la misma letanía. 
 
-Este hijo mío, es malísimo, es un desastre.
 
No obstante, según pasaba el tiempo, yo seguía convencido de que aquel "malísimo" muchacho no era diferente del resto de los que yo veía a diario. No quiero decir que todos fueran malos sino que a mí, aquel niño me parecía completamente normal. Aquello fue un buen aliciente para empezar las clase infantiles y abrir mis puertas a todos los que quisieran entrar.
 
A pesar de que todos ellos tienen muchos puntos en común, yo soy de los que piensan que para cada niño hay un color distinto con el que relacionarlo. Podríamos decir que eso es lo que define la personalidad única que llevan impresa en el fondo de su ser.
 
Yo pretendo sacarles a flote esas características y hacerles ver cómo son en realidad, a los ojos de otros. Podría resumir que mi primer objetivo es concienciarles acerca de sí mismos. A través de este interesante proceso, ellos se descubren y hacen que sus características personales se transmitan a todos los actos que realizan en el dojo. De esta manera cada uno de ellos, tiene sus técnicas o trabajos donde destacan sobre otros compañeros, según su estilo personal. Como resultado de ello, no sólo aumentan la confianza en sí mismos además a cada error o equivocación, encuentran un aliciente para volver a esforzarse un poco más, dentro y fuera del dojo.
 
Por otra parte, cuando se trata de jóvenes o personas ya adultas, no es tan sencillo inculcarles unos conocimientos y hacerles conocerse por dentro. Esto es porque a partir de cierta edad, hay elementos como las propias ideas y sentimientos de los cuales resulta muy difícil rescatarlos. Una duda, una palabra en un mal momento puede provocar un pequeño fuego adverso en el fuero interno de alguno de ellos y esto supondría que el propio alumno se terminaría consumiendo a sí mismo, sin permitirme extinguir su error.
 
Aunque descubrir estos y otros puntos equivocados en cada uno de nosotros es una de las primeras obligaciones que tenemos todos, escribí las normas por las que se debía regirse el comportamiento de los practicantes.
 
1 Saber que la perseverancia es algo que aparece después de cada descanso.
2 Saber que el camino que seguimos está guiado por la Justicia.
3 No olvidar que nuestro corazón se mantiene alejado de la codicia, la pereza y la obstinación.
4 La tristeza y el odio forman parte de la Naturaleza pero nosotros debemos permacer ajenos para alcanzar un corazón inmutable.
5 Debemos mostrar que nuestro corazón siempre permanece fiel y leal a las enseñanzas recibidas y seguimos profundizando para entender el Budo.
 
Para algunos jóvenes principiantes, los concepto de lealtad y fidelidad parecen tener ciertas reminiscencias a épocas pasadas, cuando los hombres se enfrentaban en el campo de batalla y sólo regresaban los que aún mantenían su espada en la mano. Al respecto, suelo recordarles que no vivimos aquellos tiempos y lo que se pide es que el individuo sea capaz de mantener una actitud sincera y armoniosa con unos principios que todos compartimos. Todo ellos sin olvidar que por encima de cada uno de nosotros, existen un arte al que debemos respetar y colocar por delante de nuestro beneficio personal.
 
Las normas aquí anunciadas las escribió el maestro Toda Shinryuken hace muchos años. A pesar de ello, hay quien no las respeta. En este caso la obligación del shihan debe ser la de hacer ver su error a este practicante y guiarle correctamente, esta condición es indispensable para aquellos que deseen acceder a tal título. Digamos que son aquellos que representan cualitativamente nuestra escuela. En mi dojo, durante el entrenamiento no se puede hablar de apuestas, política, religión ni sexo porque considero que es un serio insulto a los maestros cuyas enseñanzas practicamos. No obstante, se puede dar el caso de que algún absurdo practicante realice tan vulgares comentarios.
 
Los pergaminos secretos de Togakure Ryu
Masaaki Hatsumi 
Ediciones Seigan
 
 
 Image